Ojalá que te hayan felicitado mucho, que hoy, en estos días, en estas semanas, en lo anterior y en lo próximo, lo hayas celebrado mucho, que lo estés disfrutando mucho y te lo estés pasando muy bien. Se acerca mi despedida final este sábado, precisamente, un día 27, como debe ser, más perfecto imposible. Siempre te querré, lo que me reste de vida, pero ya acepto definitivamente mi derrota, despidiéndome cortesmente, como debí hacer en su día y no lo hice. Ahora me despediré, aunque no sea de ti, aunque no estés allí o ni siquiera me mires o te importe si existo. No es algo mutuo, pero yo quiero hacerlo anteponiendo mi buena educación.
Tú que seas muy feliz, María, que te vaya muy bien, bendita seas siempre.