Últimamente, me ha dado por pensar mucho en qué te voy a escribir este final de mes. Soy consciente de que ya lo que escriba va a ser para nada o para peor; me agarro al clavo ardiendo de que tú no me has prohibido, ni de forma oral, ni por escrito, dejar de escribirte, y me sujeto a ello con uñas y dientes, como lo único que tengo. Pienso en escribirte algo así:
"¿Sabes? Aunque es cierto que en mi vida no he tenido grandes problemas, yo nunca le negaría un vaso de agua a quien me lo pidiera por necesidad, incluyendo a las personas que considero que me han hecho daño. No, tengo claro que nunca lo haría.
En el otro lado, estás tú, la única mujer que ha sido compasiva conmigo y se ha apiadado de mí; la única que me ha hecho sentirme a gusto con una mujer, aunque sólo te encapricharas de mí. Perdóname, no puedo olvidarte, no puedo dejarte atrás, te di mi corazón hace 15 años y esa es mi verdad.
Entiendo que no te interese, comprendo que no me quieras; estoy viejo, gordo, soy feo y bastante torpe, lo tengo todo en contra. Pero yo no te pido nada a cambio de mi vida; lo único que deseo es pasar algo de tiempo contigo, sin más, acompañándote, sin que tengas que hacer nada por mí y sin que yo trasgreda ninguna línea del respeto hacia ti, como a cualquier otra persona. Sólo sentirte cerca y, si puede ser, saber de tu risa y verte sonreír; ese es mi anhelo máximo. Yo no te obligaría nunca a nada, porque sé que sólo haces lo que quieres hacer. Te conozco, te entiendo y te acepto tal como eres.
Con mi vida y hasta mi muerte, te seguiré queriendo".
María Tengoku, que Dios te bendiga siempre.
