Hoy te vuelvo a ver en una foto, María Tengoku. Ya no puedo hacértelas yo; ya sé que es algo vetado para mí, pero aún me llegan. Precisamente, es del sábado, del día en que te vi, de ese triste y aciago día para mí, como de casi cinco horas después de yo verte.
No pareces tener buena cara; espero que sea mi impresión y que sea equivocada. Aunque no esté en tu vida, yo deseo que seas muy feliz, que estés muy feliz, que te sientas muy feliz. Ojalá que así sea.
¿Sabes? Me pregunto si fue verdad, si fue otra coincidencia de 25 de mayo, como hace 16 años. Debo reconocer que ahora mismo no recuerdo si aquel día fue también (sábado, sí, lo era, como este), un 25 de mayo. Ese 25 de mayo que, de todo lo que me pasó contigo, fue el único que siempre pensé que era como un sueño, que no fue verdad. Un único día con un momento único en toda mi vida, algo que ni sucedió antes, ni nada remotamente parecido sucedió después. Algo que mi mente, mi corazón, mi espíritu, parece que nunca llegaran a entender y asimilar. Quizá ese sea mi castigo.
Que Dios te bendiga con mucha fuerza, María Tengoku, bendita seas siempre y todos los tuyos, contigo. Ojalá que te vaya muy bien, que te sientas muy bien, que estés muy bien. Que seas muy feliz.