Hoy no me escribirás, María Tengoku; hoy no me dedicarás ni un segundo, ni un instante, ni en tu vida, ni en tu pensamiento, ni en tu recuerdo, ni en nada. Lo sé, lo entiendo, lo comprendo, lo asumo. Sé que no estoy en tu vida, aunque tú sí lo estés en la mía, como muestro a través de este blog. Gracias, muchas gracias, muchísimas gracias, infinitas gracias, porque en el pasado no fue así. Porque aunque sea pasado, está lleno de regalos que me llegaron de ti, como hace dos años, con ese regalo único, desde la distancia, desde la lejanía, mostrándome atención, sintiendo compasión por mí y haciéndome caso en lo que te pedí.
Un regalo sin igual, de una persona única, es el que yo recibí. Porque no tenías que molestarte, porque no eres, ni nunca fuiste y está claro que nunca serás nada mío, sino que siempre has sido y serás libre para tomar tus decisiones. Y sin embargo, aquel día me hiciste caso. Gracias, María Tengoku, por haber sido así conmigo; siempre te querré, hasta el último de mis días, sean más o menos. Muchas gracias, infinitas gracias.
Que Dios os bendiga, guarde y cuide a todos los tuyos y a ti, bendita seas siempre, ojalá que estés gozando mucho en este último fin de semana de junio y que, lo que venga, sea aún mejor para ti.
