Yo, sin embargo, estaba tan contento de poder estar cerca de ti, de estarte acompañando, de poder verte y sentirte tan cerca mientras nos tomábamos aquella granizada, que no me daba cuenta de la realidad.
Nunca te he traído suerte, nunca te he aportado algo verdaderamente importante, nunca te he sido verdaderamente útil en la vida; soy tan poca cosa... Te echo de menos, te echo tantísimo de menos.
Que Dios os guarde y cuide a todos los tuyos y a ti, María Tengoku, bendita seas siempre.
